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“Kiké” Hernández fue un Astro fugaz

AstrosMariners

Por René Cárdenas – fitoiii@aol.com

Conozcamos a un nuevo pelotero que responde al nombre de Enrique Hernández, a quien cariñosamente le llaman “Kiké” desde su niñez.

–¿Y por qué cree usted que le llaman Kiké? Pues hay una historia familiar simpática que él refiere:

“La historia es sencilla”, dijo Kiké. Mi abuelo se llama Enrique I, mi papá se llama Enrique II y yo soy Enrique III”. Tenía que haber una ligera distinción entre tantos Enriques en esta familia inmediata”.

Enrique III mide, 5’11 y pesa 198 libras. Nació el 24 de agosto de 1991 en San Juan, Puerto Rico y reside en Toa Baja. Cursó sus estudios en la Escuela Militar Americana de PR. Fue recomendado y firmado por Greg Brown y Joey Sola.

Los Astros ni cortos ni perezosos seleccionaron a Kiké en la sexta vuelta del reclutamiento de junio del 2009 y lo enviaron a la liga de novatos ese mismo año.

En las campañas de 2010, 11 y 12, jugó en Tri-City (A), Lexington (A) , Lancaster (A) y Corpus Christi (AA), respectivamente. La de 2913 fue toda en Corpus Christi donde bateó .236 en 437 turnos al bate con 13 cuadrangulares y 46 carreras impulsadas.

En el 2013, Hernández jugó con los Gigantes de Carolina de la Liga de Invierno de Puerto Rico donde bateó .260 en 150 turnos al bate.

Durante la campaña de 2009 en la franela del Tri-City, fue clasificado como el Jugador Ofensivo del mes de agosto.

Un buen número de los jugadores puertorriqueños tiene la oportunidad de jugar cualquier disciplina deportiva, pero la mayoría decide por el de los bates y los guantes.

“Oye, mira. Cuando yo tenía 4 años de edad, mi papá me llevó a una clínica de beisbol y le dije que no quería volver ahí porque el sol estaba muy caliente”, explicó Kiké tratando de aguantar la risa. “Y más tarde a los 6 años, comencé a fijarme en los juegos de beisbol en TV y, entonces, dije a papá que yo quería jugar pelota. Él me llevó y me guió para dar mis primeros pasos en el deporte, y así fue como tomé la decisión. Como ves, fue por mi propia voluntad”.

Desde ese día, Enrique II, dedicó sus mejores horas, días, meses y años para llevar a Kiké a los campos deportivos para que su hijo disfrutara en hacer lo que quería, jugar beisbol. “Todo se lo debo a él”, agregó el borinqueño.

Estoy bajo la impresión que Enrique III, sufrió un ataque de locura feliz el día que los Astros lo seleccionaron en la sexta ronda del reclutamiento de 2009:

“Disfruté muchas emociones porque hubo una infinidad de cosas que pasaron por mi mente”, manifestó Kiké. “Yo dije que era el comienzo de una nueva vida como resultado de tantos sacrificios. En otras palabras era una pequeña muestra de que el trabajo duro, da buenos resultados”.

Los peloteros jóvenes al ser seleccionados, de súbito se encuentran en un callejón sin salida porque no han terminado su educación. Unos pocos hacen grandes sacrificios para jugar y estudiar, como lo hizo el receptor de los Astros Jason Castro por ejemplo. Otros deciden dejar los estudios y dedicar todas sus horas al aprendizaje para saltar a las Mayores.

Houston Astros v Texas RangersKiké Hernández y el receptor Carlos “Corpy” Corporán eran como uña y carne en la Casa Club de los Astros

“Pues fue algo muy difícil”, contestó Hernández a secas. “Fue una pesa que yo no pude balancear bien. Mi madre opinó que el beisbol estaba afectando mis estudios en la escuela secundaria, pero mi padre expresó que a mí me gustaba jugar beisbol sobre todas las cosas. A fin de cuentas, no se volvió a hablar de la situación”.

Un día en el 2010 cuando Kiké jugaba con el Tri-City, sus padres llevaron a toda la familia a verlo jugar beisbol profesional por primera vez. El chamaco se apretó el cinturón, bajó al terreno sintiendo la fiereza de un león y, en el noveno episodio con el partido empatado, el boricua desembarcó un jonrón para ganar y dejar tendido al equipo contrario. Ni siquiera en Hollywood se pudo haber escrito un guión con esa sincronización y dramatismo final.

“Para mí eso fue muy especial. Con sólo ver la expresión del rostro de papá, ese instante valió todo un mundo. Y cómo si eso hubiera sido poco, ese mismo año ganamos el campeonato de la Liga. Son dos recuerdos memorables que permanecen vívidos en mi mente”.

No todo es color de rosa en la vida, mucho menos en la de un beisbolista que arriesga su físico en el movimiento de cada jugada y, en lo que concierne a mi entrevistado de hoy, no logró salir ileso durante los cinco años de aprendizaje en las ligas menores.

“El peor recuerdo que tengo luego de jugar cientos y cientos de partidos en las diferentes clases del sistema de menores de los Astros, fue cuando me lastimé un tobillo”, dijo Kiké. “Sufrí la lesión en la primera parte de la temporada y perdí un mes. Traté de jugar así, pero no me sentí bien del todo. El doctor me informó que me tenía que operar y, después de todo, perdí de jugar la primera parte de la campaña”.

Enrique recuerda con especial afecto las instrucciones que le dio uno de sus instructores en las ligas menores en cuanto a la defensa. “Inicialmente yo jugaba en el campo corto, pero Edy Romero dedicó mucho de su tiempo para que yo aprendiera a jugar la segunda base”, dijo Kiké. “Mis acciones en el campo corto eran muy largas, pero Romero me introdujo a efectuar cortos movimientos que son los propios para jugar la intermedia. Eddy me ayudó a simplificarlo todo y a convertirme en un buen defensor de esa posición”.

En lo que a bateo se refiere, Hernández, estuvo bajo la tutela del instructor Joel Chimelis que se encargó de convertirlo en un bateador agresivo y al mismo tiempo selectivo. Lo primero que me dijo fue que me olvidara de la mecánica, que no pensara mucho en eso porque el bateo no sólo era mecánica. Hizo hincapié en que me mantuviera positivo y ser siempre fuerte en la mente”.

El experto en beisbol aprecia la versatilidad innata de Hernández que captó con suma facilidad el secreto para jugar varias posiciones. En otras palabras, se convirtió en el jugador reserva ideal. “En realidad yo las jugué todas con la excepción de lanzador y receptor, pero mis favoritas son: el campo corto y la segunda base. Yo no puedo estar quieto porque soy un hombre de mucha energía y, en esas posiciones uno siempre está envuelto en su interminable actividad”, dijo Kiké con todo el aplomo del mundo, como si saboreara lo que decía.

Los Astros, debido a lesiones, perdieron de un sólo tirón a sus tres jardineros y, Kiké resultó ser un reemplazo lógico en el jardín central. “Yo me sentí bien como jardinero”, expresó el joven hombre de San Juan. “Yo confío en mis habilidades que despliego en los jardines y estoy contento porque eso me mantiene en la acción. Tú bien sabes que los pelotero quiere jugar todos los días y, si no hay espacio para mí en el cuadro, pues gozoso tomo el que hay en los jardines. En términos generales, estoy feliz de aparecer en la alineación”.

Los Astros subieron a Hernández el 30 de junio del 2014 y su primer juego de Liga Mayor fue el primero de julio. “Fue el momento que estuve esperando toda mi vida”, dijo con entusiasmo. “Yo pensaba que lloraría a la hora de la notificación, pero estaba tan sorprendido, que no me salieron las lágrimas, quizá porque lo único que pensaba era en mi papá. Comencé a desesperarme y entonces pegué la carrera al teléfono para llamarlo y darle la buena noticia”.

Así, pues, comenzó la odisea de un hijo de Boríquen que no se sabe cómo ni cuándo terminará…

La estadía de Kiké con el equipo mayor de los Astros fue efímera, solamente un mes vistió la franela de la estrella solicitaría donde bateó .274, disparó un cuadrangular y empujó 6 carreras.

El 31 de julio, los Astros cocinaron una transacción que involucró a 6 peloteros con los Marlins y, entre ellos, Kiké pasó al equipo de Florida.

Me inclino a creer que los Astros perdieron el barco al dejar ir a Kiké y es posible que en el futuro se arrepientan. Digo esto porque un pelotero joven que puede jugar todas las posiciones es sin lugar a dudas, un “reserva” que vale lo que pesa.

Kiké ya ensució su uniforme en las Mayores luego de ver acción en 24 juegos con los Astros. Además, él sabe que su versatilidad en beisbol lo llevará lejos.

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